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 Jugando con los mayores (Harry/Remus/Sirius) Slash

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Gwen

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Mensajes : 51
Fecha de inscripción : 13/07/2010
Humor : Depende del día

MensajeTema: Jugando con los mayores (Harry/Remus/Sirius) Slash   Mar Nov 30, 2010 4:22 pm


Disclaimer: Todo el mundo de Harry Potter no me pertenecen, para mi mala suerte.

Este fic No es mío, aunque no recuerdo la autora original vale aclarar que si ella requiere que lo quite así lo haré, no tengo ninguna intención de adueñarme del fic ya que como siempre digo, su esfuerzo le costo escribirlo.

Aviso: El fic puede contener lemmon explicito, zoofilia y sadomaso. Pero no se preocupen si les gustan estos temas lo disfrutaran, al igual que los actores lo hicieron jojo


Jugando con los mayores




Jugando con los mayores



Desde que salió del velo, Sirius, estaba más afectuoso de lo normal. Siempre reía y abrazaba a la gente, y entre todos esos toques inocentes, Harry sospechaba, que había algunos que no lo eran tanto. El resto no habían notado nada, o tal vez fuese, que era con él con el único que tenía esa doble intención. No es que le molestase que su padrino le diese una palmada en el trasero cuando pasaba por su lado, o le abrazase por la espalda y le mordiera suavemente la oreja, el problema precisamente era que le afectaba demasiado.

Hacía tan solo una semana que descubrió la relación que unía a su padrino con Remus, al principio le impactó un poco, pero al fin y al cabo, a él también le gustaban los hombres. Se sintió tan feliz por la noticia, que les confesó sus inclinaciones sexuales.

Fue a partir de ese momento que los toqueteos se volvieron más descarados, y ya no solo lo acosaba Sirius, ahora el licántropo también se empeñaba en abrazarlo y prolongar el contacto físico.

Pero cuando cerraba los ojos, no podía dejar de imaginarse a esos dos teniendo relaciones, de todas las formas y posturas, e incluso se imaginó a Lupin transformado, y su padrino con su forma animaga, de perro, complaciéndole. Tenía que sacárselo de la cabeza.

Al ser verano tenía que permanecer a salvo en la mansión Black. Muchos miembros de la orden iban y venían a diario, pero solo ellos tres dormían allí.

No había podido ver a sus amigos, los Weasley permanecían en su casa, y Hermione estaba con sus padres. Así que no tenía nadie a quien contarle el extraño comportamiento de ambos hombres.

Era su cumpleaños. Se levantó a la hora de siempre, y bajó a desayunar. Ayer habían celebrado una reunión, y la cocina estaba llena de planos y demás útiles, olvidados por los miembros. Los apartó con cuidado, amontonándolos en uno de los extremos. Sacó, como cada mañana, tres juegos de desayuno. Preparó café, para Sirius, chocolate a la taza, del que tomaba Remus, y un vaso de leche fría con Nesquick para él. Un par de tostadas con mantequilla, y un poco de bacon frito, por persona. Huevos no les quedaban, tendrían que ir a comprar. Ayer tenían una docena, pero su padrino se había empeñado en preparar una tortilla de patatas, como las que había visto en España, y se habían quedado sin ninguno. El primer intento se estrelló contra el fregadero, al romperse el plato con el que pretendía, sin mucho arte, darle la vuelta. El segundo se calcinó por un pequeño descuido, al estar el cocinero demasiado ocupado dando mimitos a su lobito. Y de la tercera aun quedaban restos en el techo. Al final se habían quedado sin cenar, menos mal que Molly Weasley les había traído uno de sus famosos pasteles de carne en su última visita.

Una lechuza cruzó la ventana trayendo el profeta. En portada nuevas detenciones de mortifagos.

Sirius entró sonriendo de oreja a oreja. Algo tramaba. Tras él pasó Remus, con una sonrisa parecida. Comenzaba a estar asustado, entre los dos podían ser peores que los gemelos, y más ahora que habían decidido aprovechar al máximo cada instante.


Cuando entró en la cocina, su ahijado ya estaba desayunando, como de costumbre. No pudo evitar sonreír, recordando lo que tenían planeado. Estaba seguro que a su lobito le pasaba lo mismo. Los había costado conseguir todo el material necesario. En la exhaustiva limpieza de la casa que habían realizado la última vez, alguien había tirado todos sus juguetitos, pensando que eran de magia oscura.

Tu entras a una habitación, llena de cadenas, látigos, trajes de piel, frascos con sustancias aceitosas, etc. ¿Y que haces? Pues según Alastor, tirarlo todo, dado que son objetos peligrosos. ¿Es que no puede pensar mal la gente, por una vez en la vida? Ese hombre, tan precavido para unas cosas, y tan inocente para otras. Aunque probablemente jamás se le ha insinuado alguien, ni lo hará, así que bastante castigo tiene. Pero bueno, los gemelos les habían sido muy útiles.


--FLASH BACK--


- ¿Lo tenéis todo? – Preguntaba un hombre de ojos azules, apenas visibles en la penumbra, a dos jóvenes idénticos.

- Si, algunas cosas fueron difíciles de conseguir, pero aquí están. – Dijo uno de ellos, sacando de su bolsillo un paquete encogido mágicamente. - ¿Tenéis vosotros el libro?

- Si, está completo. Todas las bromas de los merodeadores, detalladas y con ilustraciones. Es vuestro.

- Ha sido un buen trato, cuando queráis algo más, ya sabéis a quien acudir.

Los objetos cambiaron de manos, y los cuatro salieron de su improvisado escondite, en la alacena de la cocina.

Ya finalizada la reunión, y cuando todos los miembros se hubieron marchado, una vez que se aseguraron que Harry estaba profundamente dormido, los amantes bajaron al sótano. Caminaron por un angosto pasillo, hasta llegar a una puerta de hierro. Tras ella estaba lo que Alastor consideró una cámara de torturas. Unos veinte metros cuadrados, prácticamente sin muebles. Argollas en las paredes, techo y algunas partes del suelo. Al fondo una cama enorme, con sábanas de seda negras. La única luz, proveniente de una chimenea, situada en un extremo del cuarto.

Agrandaron el paquete y sacaron su contenido extendiéndolo sobre la cama. Diez tipos diferentes de lubricante, que colocaron sobre una estantería, a la derecha de la cama. Los látigos encontraron pronto su lugar, tras la puerta. Eran de cuero, suaves pero firmes, sin puntas de metal, nada excesivamente doloroso.

A continuación aparecieron una serie de vibradores y consoladores de diferentes tamaños y formas, que fueron dejados en un cajón de la mesilla. Había uno especialmente grande.

Los trajes de cuero fueron colgados en el armario, ya que en esta ocasión no los usarían, como muchas de las otras cosas, pero necesitaban reponer sus juguetitos.

Por último una serie de cadenas, con grilletes, que colocaron en diferentes lugares, terminando de dar al lugar un aspecto tétrico.

--FIN FLASH BACK--



La voz de su lobito le trajo a la realidad.

- Pues como te iba diciendo, Harry, hoy te vamos a enseñar donde estamos durante las transformaciones, ya que tenías tanta curiosidad, es un cuarto en el sótano, con una puerta de hierro. Cuando terminemos de desayunar iremos.

- ¿En serio? Que bien, ya tengo ganas. ¿Podemos ir ahora? – Preguntó Harry, emocionado con la idea. Llevaba un tiempo insistiéndoles para que se lo mostrasen, y ahora que al fin había desistido, le llegaba esa oportunidad caída del cielo.

- Cuando termines tu desayuno. – Le reprochó su padrino.

A última hora Sirius le dijo que fuese a ducharse mejor antes, estaba tan emocionado, que no se paró a preguntarse el motivo. Cuando estuvieron los tres aseados, el animago abrió la puerta que conducía al sótano con una de las llaves de la casa.

Atrás, en la cocina, quedaba una nota por si algún miembro de la orden aparecía de improvisto. “Estamos dándole a Harry su regalo de cumpleaños, hay comida en la nevera y el botiquín en el cuarto de baño de la planta baja.”

No había más luz que la de la vela que portaba el dueño de la casa, abriéndoles paso. Harry caminaba en medio, como protegido por los adultos, pero en realidad tenía la sensación de que lo estaba acorralando, de tan juntos que caminaban los tres.

Las paredes eran oscuras, y olía a humedad. Había multitud de puertas cerradas a ambos lados, pero al parecer no se dirigían a ninguna de ellas. Además, todas eran de madera, y Remus le dijo que era de hierro, así evitaban que el licántropo transformado escapase. También ese debía ser el motivo de tantas medidas de seguridad. Habían pasado por tres fuertes puertas, que franqueaban el pasillo, cada una de ellas con una llave diferente, y firmemente aseguradas tras su paso, era como sumergirse en otro mundo, donde la luz del sol nunca brillaba.

Finalmente sintió como delante de él su padrino se detenía. La vela fue apagada y quedaron a oscuras. Escuchó el sonido metálico de la cerradura, y el fuerte chirrido de las bisagras.

Una luz rojiza, y el crepitar de las llamas le recibieron. La chimenea llevaba un rato encendida, caldeando la habitación. Lo más probable es que estuviese preparada con algún hechizo para encenderse cuando se abría la puerta del sótano.

- Bueno. ¿Y que te parece? – Preguntó Sirius.

- No es como lo imaginaba.

- ¿Por qué no? – Preguntó pícaro el animago, mientras Remus aprovechaba la distracción del menor para cerrar la puerta con llave y un par de hechizos, a la vez que le quitaba la varita del bolsillo trasero del pantalón.

- No se. – Dijo Harry, situándose en el centro del cuarto para poder ver todo mejor. – Hay cadenas, supongo que para evitar que escapes durante las transformaciones. – miró a Lupin, que se había ido acercando a él, al igual que el otro hombre. – Pero imaginé que los muebles estarían destrozados. ¿Y esos látigos? No creo que sea necesario usarlos, ni les veo capaces de dominar al lobo. Supongo que eso serán pociones para reducir el dolor de los músculos.

- Más o menos. Reducen el dolor y estiran la piel. – Habló Black, mientras se aproximaba más al chico, jugueteando con un collar del que colgaba una cadena suelta.

Ignorando esto, él siguió curioseando aquí y allá. Abrió el armario, y no pudo reprimir un gesto de sorpresa. Esos trajes no eran para dominar al licántropo, no al menos en el buen sentido de la palabra. Comenzó a sentirse atrapado, echó un vistazo hacia la entrada, Remus estaba en medio, y no podría llegar. Optó por disimular en lo que buscaba una salida.

Demasiado tarde. Ambos adultos, conscientes de su reacción habían estrechado el cerco.

¿Quería realmente escapar? Por una parte le apetecía rendirse y dejarles hacer con él lo que quisieran, pero tenía miedo. Era virgen, y su primera vez siempre había pensado que sería algo especial, y con alguien especial, no con su padrino y su ex profesor, en una especie de sala de torturas, sacada de una película de porno duro de serie B.

Se acercó a la mesilla y abrió el cajón. Dentro, colocados de cualquier manera, había un montón de vibradores. Asustado cogió el más grande, eso no podía ser real, no cabía, no podía caber en ningún sitio, era desproporcionadamente grande.

Se dio la vuelta con el aparato en la mano y una gran cara de desconcierto.

- ¿Ese? – sonrió con malicia el animago. – Hombre, para ser tu primera vez yo elegiría uno más pequeño, pero tienes razón, cuanto más grande mejor.

- No te burles del chico, si le gustan las cosas fuertes, eso le daremos. Y yo que pensé que te ibas a asustar cuando vieses mi miembro, porque ya sabrás por las clases que los hombres lobo estamos muy bien dotados, tanto que compensa cualquier desventaja de la enfermedad. Ese que has cogido es concretamente del tamaño de un licántropo adolescente.

La cara del niño-que-vivió era todo un poema, y más cuando el moreno llegó hasta él y le colocó el collar firmemente en el cuello, tirando a continuación de la cadena para pegarle a su cuerpo. Para posteriormente besar sus labios con pasión, forzando la entrada, y explorando la húmeda cavidad. Descendiendo después por su cuello, marcando la sensible piel.

- Eres aun más delicioso de lo que imaginé.

Mordió fuertemente la unión entre el cuello y el hombro, hasta hacerle sangrar, sangre que lamió con avidez, invitando al licántropo a hacer lo mismo.

- Si que sabe bien. – Asintió este mientras su lengua y la de su amante se encontraban sobre la piel del joven, que forcejeaba intentando que lo soltasen. Colocó entonces unos grilletes en sus muñecas, y arrodillándose a su espalda otros en los tobillos.

- Calma… Harry. No vamos a hacerte daño, ya verás, lo vas a disfrutar. - Dijo su padrino, quitándole el juguetito que aun apretaba firmemente en su mano, y arrojándolo sobre la cama. A continuación besó suavemente sus labios, tratando de infundirle confianza. Se había asustado cuando, tras el mordisco, el joven había comenzado a temblar.

Remus, a su espalda, le prodigaba un suave masaje, relajando los músculos. Las hábiles manos del de ojos azules desabrochaban los botones de la camisa, sin dejar de transmitir dulzura con su boca.

El muchacho no fue consciente de cuando desapareció la tela, hasta que sintió la lengua de Lupin recorriendo sus clavículas. Mantenía los ojos cerrados, pensando que al abrirlos habría desaparecido todo, como en un sueño. Pero cuatro manos recorrían toda la piel descubierta, encendiendo un deseo que él no creía poseer.

Notó como tiraban de él para delante con el collar, y abrió sus dos esmeraldas para evitar caerse. Los dos hombres estaban totalmente desnudos y su piel relucía bajo la tenue luz.

Un susurro y su ropa también desapareció, dejándolo totalmente expuesto, con su evidente erección a la vista. Trató de taparse, avergonzado por su aspecto, si se hubiese detenido a mirar un poco se habría dado cuenta de que los otros dos se encontraban en el mismo estado que él. Pero Sirius sujetó sus manos, impidiéndole el movimiento.

- No te tapes. Eres muy hermoso, y más cuando tu deseo está despierto, como ahora. – Estaba completamente sonrojado, y más cuando le tomó por la barbilla, antes de seguir hablando. – Mírame también a mí. ¿No te parezco hermoso? Tócame – Dijo acompañando las palabras del gesto, y dirigiendo la tímida mano del menor hacia su propia erección.

Estaba duro e hinchado, y era grande, mucho más que el de ninguno de los chicos de su dormitorio, en Hogwarts. Pero aquello que tocaba con la otra era aun mayor. Dirigió la vista hacia su mano izquierda, sujeta por el licántropo. Ese miembro era descomunal, lo iba a partir en dos.

No sabía como se sentiría eso dentro, ni siquiera sabía si le cabría. Si todo lo que decían sobre los licántropos era tan cierto, no se quería imaginar lo que sería tener relaciones con él cuando estuviese próxima la luna llena. Le daba miedo descubrirlo, pero por otra parte, algo se agitaba en él al tocarlo.

Mientras el muchacho había estado distraído, tratando de ocultar lo evidente, Lupin había aprovechado para ir hacia el estante de los frasquitos. En su mano traía un aceite de frambuesas, comestible.

Abrió el botecito, y derramó el contenido sobre la espalda del ojiverde, para comenzar a extenderlo por toda la piel. Sirius se unió a él, untando con la aromática fragancia el cuerpo más pequeño.

Le hacía sentir bien, ese olor le relajaba y le excitaba a la vez. Probablemente lo habían hecho a propósito. Sentía que su mente perdía el control, para tomarlo los instintos.
Quiso participar y comenzó a masajear el pecho de su padrino, extendiendo por él también el óleo. Notaba la dureza delante de él chocando con la propia, lanzándole pequeñas descargas de electricidad por la columna. Detrás Remus se frotaba contra su trasero, a la vez que masajeaba intensamente los glúteos del estudiante, dando pequeños pellizcos.

Las respiraciones agitadas y los ocasionales gemidos del menor llenaban el cuarto. Suavemente fueron empujándole hacia el centro de la habitación, donde, sin que él se diese mucha cuenta, encadenaron sus tobillos a unas argollas del suelo. El jugueteo continuó un rato más, sin que Harry fuese consciente de su situación. Los dos mayores se encargaban de distraerle con sus atenciones, sus caricias, y ocasionales mordidas. El licántropo se situó entre sus piernas y separó los glúteos con las manos, introduciendo su lengua en la pequeña abertura oculta. El niño-que-vivió trató de apartarse, se sentía extraño, y las cosas iban demasiado rápido para su gusto. Entonces se dio cuenta de las cadenas en sus tobillos.

Tirando del collar de nuevo, Sirius, le obligó a situarse a cuatro patas, para a continuación aprisionar los grilletes de sus muñecas contra el frío suelo de piedra. Estaba totalmente a merced de los dos hombres, todas sus partes íntimas expuestas.

Remus continuó entonces con su labor. Al notar a su víctima indefensa, sustituyó su lengua por un dedo travieso. El animago a su vez contemplaba extasiado la escena. Ver a su pareja con el hijo de su mejor amigo era algo único. Harry se había rendido, y simplemente disfrutaba de las atenciones. Lupin estaba siendo muy cuidadoso, mucho más de lo que lo era con él. El chiquillo era virgen, y no era cuestión de hacérselo pasar mal. Recordó su primera vez, con el mismo lobito que había marcado toda su vida, los nervios, el no saber, y el dolor, un dolor muy intenso. Ambos eran inexpertos, y su pareja no había sabido como prepararle. Pero ahora era distinto. Por eso había elegido ese aceite de frambuesas, era lubricante y anestesiante, a la vez que producía un efecto muy placentero en todo el organismo.

Mientras tanto el licántropo ya tenía tres dedos dentro del joven cuerpo, y los movía dentro y fuera, abriéndolos y cerrándolos, mientras trataba de tocar ocasionalmente la próstata, produciendo intensos gemidos cuando lo hacia. Con una seña le indicó a Sirius lo que debía hacer.

El moreno recogió el abandonado vibrador de encima de la colcha y extendiendo sobre él parte del aceite que les quedaba, se lo pasó a su amante.

Harry estaba en los cielos, su ex-profesor estaba haciendo maravillas en su cuerpo. Jamás pensó que pudiese sentirse algo tan placentero y tan…doloroso. Algo demasiado grande acababa de entrar en él. Gritó, gritó fuerte, tratando de calmar esa sensación desgarrante. Seguía entrando, pese a su oposición.

- Relájate, o será peor. Trata de distender los músculos, y el dolor se irá. – Le susurró su padrino, mientras le acariciaba dulcemente los cabellos y recogía con sus labios las lágrimas que escapaban traidoras de sus bellas esmeraldas.

- Ya está introducido. – Dijo Lupin tras él. La presión se había detenido, ahora lo sentía totalmente dentro, y no era tan doloroso, incluso podía vislumbrar algo de placer. – Lo siento Harry, pero si no te preparo de este modo, luego puedo hacerte demasiado daño cuando entre en ti. Enseguida se irá todo el dolor, no te preocupes, no lo moveré hasta que no estés listo.

Black se había situado debajo, comenzando a lamer su miembro. Lo recorría con la lengua, arriba y abajo, lo introducía en la boca y jugaba con él. Besaba la punta, acariciaba los testículos. Poco a poco el dolor se marchó. Fue entonces cuando Remus empezó a mover el aparato. Apretó un botón y lo hizo vibrar, al principio suavemente. Era como pequeñas y placenteras descargas en su interior, cuando con el ligero movimiento presionaba ese punto. Tras un tiempo fue más fuerte, a la vez que lo movía dentro y fuera. Las manos de Sirius se estiraban para acariciar la dureza de su lobito.

Él tenía tan cerca el pene de su padrino que no pudo resistir la tentación de besar su punta. Al notar como su actitud hacía aumentar el ritmo impreso en su propio miembro volvió a rozarlo. Esta vez prolongó algo más el contacto. Lo lamió lentamente. Le costaba mantenerse así, las atenciones de ambos hombres lo estaban volviendo loco.

El aparato dentro de él vibraba más intensamente, y su ex-profesor lo metía y sacaba cada vez más duro. Le encantaba esa mezcla de placer con retazos de dolor que le transmitía. Bajo él solo goce, intenso y explosivo. Comenzó a devorar ávidamente la dureza del animago, no podía ni quería controlar sus actos.

Lupin apenas se contenía para sustituir aquel juguetito por su propio miembro, pero sabía que debía esperar, no quería dañar al joven, como le había ocurrido con Sirius hace años, cuando estuvieron juntos por primera vez. Un último gemido, más fuerte que los anteriores, acompañó el orgasmo del chico, que agotado se dejó caer sobre el cuerpo de su padrino. Notó como el vibrador era retirado.

Estaba agotado y satisfecho, pero sabía que los dos hombres no habían terminado, no sabía que le esperaba, pero prometía ser intenso.

Se sentía a gusto sobre esa alfombra de espeso pelo negro, se estaba adormilando por el calorcito. Un segundo, su padrino no era tan peludo. Un húmedo lengüetazo terminó de espabilarlo. Sirius se había transformado en un enorme perro negro. Un enorme perro negro muy, muy excitado.

Remus llamó a Hocicos, y lo acarició cariñosamente, en especial el rosado miembro que sobresalía de su pelaje. Tumbándose delante del perro comenzó a lamerle, provocando que la dureza aumentase. No sabía porque, pero ver esto le estaba volviendo a conducir su sangre a la parte baja de su cuerpo. Era un animal, pero a la vez era humano, dudaba que esa mirada de intensa lujuria correspondiese a sus instintos perrunos. Cuando estuvo listo, le ayudó a situarse tras Harry, Las uñas del perro le arañaban la espalda, mientras trataba de colocarse en la mejor posición para penetrarlo. Lupin masajeó en su mano un poco más el rosado apéndice, antes de dirigirlo a la entrada aun abierta del menor. Era otra de las propiedades del aceite, ayudaría a que los músculos continuasen distendidos durante un buen tiempo, evitando que tuviesen que prepararlo entre una sesión y otra.

De una embestida estuvo dentro, se sentía extraño. Era más delgado, pero más duro. Recordaba de cuando asistía al colegio muggle que los perros tenían un hueso en esa parte para facilitar las relaciones. Comenzó a moverse al instante, sin dejarle tiempo para acostumbrarse, al fin y al cabo controlar al animal tenía que ser más complicado. Eran movimientos rápidos e intensos, en cierto modo bruscos, pero le gustaban, podría decirse que incluso demasiado. Se estaba dejando sodomizar por un perro, y no podía evitar gemir fuertemente.

Las patas fueron perdiendo el pelo, transformándose en brazos humanos, el morro se convirtió en unos labios que comenzaron a besar las zonas maltratadas antes por el animal, y sin salir de él, el miembro cambió de forma, hasta volverse humano.

La impresión que le produjo ese cambio bajó un poco su excitación, no es que no disfrutase del verdadero Sirius dentro de él, sino que había sido repentino y sin avisar. Su padrino dirigió una de sus manos a la semi-erección, volviendo a despertarla con sus cuidados expertos, a la vez seguía embistiendo rudamente.

- Entra en mí. – Suplicó el animago al lobito, cuando este había introducido tan solo un dedo en su interior.

Obediente, y sabiendo que su amante siempre estaba listo para recibirle, casi sin preparación, le distendió rápidamente con dos más, para sustituirlos en lo que dura un latido por su firme dureza. Se movió primero despacio, para rápidamente adaptarse al ritmo que llevaban los otros dos. Fuerte y rudo. Intenso. Con una de sus manos estabilizaba la cadera de su amado, mientras la otra jugueteaba con el miembro de Harry, mano sobre mano con Sirius.

Dos personas dándole placer, uno de ellos en su interior. Si apareciese en ese instante Voldemort abrazado a Dumbledore mientras compartían un caramelo de limón directamente de sus bocas, no le habría importado, aunque ambos vistiesen un tanga de leopardo como única prenda. (Bueno, creo que me he ido del tema,…dejemos esos pensamientos impuros para otro momento, que ahora tengo que estar con lo que tengo que estar)


Su padrino se detuvo de pronto, logrando un gemido del menor, al verse frustrado tan cerca del orgasmo.

- Remus ¿Quieres hacer tu los honores de terminar la faena? – Preguntó al licántropo.

- Me encantaría, cambiemos posiciones.

Harry estaba a punto de decir que así se sentía muy bien, gracias, cuando lo notó retirarse y los oyó moverse a ambos tras él. Las cadenas le impedían moverse lo suficiente como para ver algo.

Algo mucho mayor presionaba ahora su entrada, y poco a poco fue abriéndose paso. Pese a toda la dilatación de los juegos anteriores, le estaba costando introducirse. Se notaba que el chico era virgen, y a pesar de no haber sangrado nada, por el cuidado con el que lo habían tratado, ahora no podría evitar sufrir pequeñas laceraciones en la piel, pues por mucho que la estirasen, apenas daba para contener semejante miembro.

Dolía, y mucho, pero también le gustaba sentirse lleno. Ahora comprendía el chiste que contaban algunos de sus compañeros de cómo se reconocía a la pareja de un licántropo, por el agujero entre sus piernas. Estaba descubriendo hoy una vena masoquista que no creía poseer.

El dolor era un camino para el placer, y uno de los mejores, dado que el contraste de las sensaciones potenciaba ambas. En cuanto lo tuvo entero, gimió con fuerza, comenzando a mover las caderas, lo poco que le dejaban las cadenas, y la propia posición en la que se encontraba.

Esa fue la señal para que Lupin incrementase también sus movimientos. Le gustaba sentirse comprimido por esas jóvenes paredes, con tanta fuerza que casi le dolía también a él. Sentía también los dedos de Sirius preparándole de manera rápida, ojalá los sustituyese ya por esa dureza que lo volvía loco.

En seguida el animago perdió la paciencia, viendo a los otros dos moverse, y entró sin demasiadas contemplaciones, de una sola embestida, hasta el fondo, tocando la próstata en el camino. Remus iba despacio, así que no le costó adaptarse al ritmo, marcando al poco el suyo propio. Les hizo aumentar la velocidad y la profundidad, a la vez que acariciaba la olvidada erección de su ahijado.

Harry se sentía en las nubes, quería llegar al orgasmo, y a la vez deseaba continuar así eternamente. La ventaja del tamaño de la dureza del licántropo, era que tocaba siempre esa pequeña zona interna, en cada embestida, y con gran fuerza. Sentía que no podía aguantar más, aunque no estuviese siendo acariciado por las hábiles manos de Sirius, tampoco aguantaría mucho.

Una embestida más fuerte que las anteriores y Lupin se derramó en su interior, llenándolo con su caliente semilla. Era algo nuevo, ese líquido espeso en sus entrañas, haciéndole sentir completo. Por segunda vez tuvo un orgasmo, más intenso aun que el anterior, empapando el suelo y la mano de su padrino. Este, al sentir las entrañas de su amado contraerse rítmicamente, explotó inundándolo a su vez.

Agotado, el más joven se dejó caer al frío suelo del cuarto, sin fuerzas para moverse. Los mayores le desataron y quitaron sus grilletes, para posarle a continuación sobre la cama, con dulzura extraña, si se tiene en cuenta los comportamientos de hacía un instante. Lo arroparon, y aumentaron el calor de la chimenea.

- ¿Y el resto de los objetos? – Preguntó Harry a punto de dejarse vencer por el sueño.

- Ya les utilizaremos en otra ocasión, siempre hay tiempo. – Respondió Remus mientras se acostaba a uno de sus lados, y lo abrazaba, cerrando a continuación los ojos, dispuesto a unirse al joven en ese viaje al descanso.

- Si, mañana creo que tampoco habrá nadie en casa. Podremos jugar todo lo que queramos y más. – Confirmó su padrino, tendiéndose al otro lado, y envolviendo a ambos con sus brazos. – Tenemos toda la vida para jugar.


FIN


Que tal???, Les gusto???. Espero que si y me dejen algun comentario, si lo hacen me animan a que publique más fics.



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Niqquitha Diggory

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Acuario Cabra
Mensajes : 13
Fecha de inscripción : 23/11/2010
Humor : :)

MensajeTema: Re: Jugando con los mayores (Harry/Remus/Sirius) Slash   Mar Nov 30, 2010 10:12 pm

:hello:
No se porque sera, pero creo que me estan gustando mucho los slash... nunca fui mucho de lemmon, incluso he escrito muchos fics, pero el que publique acá es el primero con escena lemmon. Pero me gusto mucho, el cambio de Harry de pena, verguenza y miedo a exitacion maxima.... wow.

Me gusto harto :) Besos

Feliz
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Jugando con los mayores (Harry/Remus/Sirius) Slash
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