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 Padfoot, me ayudas

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Gwen

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Mensajes : 51
Fecha de inscripción : 13/07/2010
Humor : Depende del día

MensajeTema: Padfoot, me ayudas   Jue Jul 15, 2010 11:55 pm

Ok, soy malisima para los Summary, pero hice mi gran intento...de 9 palabras :lol:

Ahora les dejo un fic que ya había publicado en el otro foro, pero también como en el otro fic lo dejo aqui.

Este fic no es mio, por lo que si la autora original me pide que lo quite lo hare, respetando siempre lo que no es mio.


<(''""')> <(''""')>


Padfoot me ayudas



~one-shot~


Sonrió con malicia al ver que el objeto de sus más ardientes y húmedos deseos se encontraba tumbado en la cama, leyendo una revista.


“Padfoot.. ¿me ayudas?”


Sirius levantó la mirada a regañadientes, ya que estaba muy entretenido con la foto de la revista y arqueó las cejas, señal de que no había escuchado nada. Bufó y, con una mirada de reproche, se dio la vuelta, fingiendo estar indignado


“eyyy... no te enfades” dijo el animago. Se estiró, retorciéndose y bostezando, cansado. Después se levantó y fue hacia el pie de la cama de su amigo “Moony...”


“claro, no me hagas caso... ¿acaso tus revistas porno son mejores que yo, un amigo que te necesita?” peguntó dramáticamente, cruzándose de brazos. Sirius lo miró con burla, dándole la respuesta “oh, muy bonito...” el ojigris se acostó, apoyando la espalda en las piernas flexionadas del licántropo


“entiende que ellas pueden darme algo más que la amistad que tu me ofreces” respondió, mirando al techo. Remus estiró las piernas y el cuerpo de Sirius quedó tumbado sobre estas. El animago lo miró


“tu no sabes lo que puedo ofrecerte” dijo, sonriendo burlonamente


“no creo que me puedas dar lo que pido” contestó, sin dejar de mirarlo


“padfoot, padfoot... no siempre se encuentra lo mejor en los lugares que muchos visitan, sino en los más escondidos”


Sirius sonrió ante la clara indirecta del licántropo. Obviamente, los lugares mas visitados eran las chicas que muchos decían que eran guapas y grandes partidos. A los lugares escondidos se refería a él. Su sonrisa se extendió a una lobuna y un suave hormigueo apareció en todo su cuerpo. A veces se sorprendía de lo sexy que se veía Remus hablando de esa manera, realmente, el lobito era un verdadero pecado.


Siempre que estaban solos se insinuaba y lo que más le gustaba a Sirius era su apariencia de niño bueno, estudiante y remilgado. Nadie, absolutamente nadie sabía la verdadera personalidad de Remus John Lupin. Excepto él.


Hacía verdaderos esfuerzos por no caer en la tentación que era su amigo rubio, porque había algo que lo hacía diferente al resto de las personas que lo atraían. Remus tenía una sensualidad, un orgullo y un carácter puros. Nadie, ni chicas ni chicos, lo habían desafiado con la mirada. Menos el muchacho de diecisiete años que ahora lo contemplaba, sus ojos dorados mirándole, retadores.


“¿y tú crees que podrías darme lo que exijo?” Remus rió divertido y se inclinó, casi rozando el rostro del moreno y le contestó en un susurro


“la verdad... creo que podrías morir, y no precisamente de dolor, si te doy lo que exiges” se acercó más, rozando sus respiraciones y cuando Sirius creía que probaría esos labios carnosos y rosados que lo enloquecían, Remus se alejó “pero sino lo crees no te pediré ayuda, no te preocupes” el moreno abrió los ojos con sorpresa, encontrándose con una sonrisa burlona


“hmph” gruñó, incorporándose y mirándolo directamente “¿qué quieres?”


“estoy muy adolorido, necesito que alguien me cure” dijo, esta vez serio y, por lo que Sirius percibió, con absoluta sinceridad. Las heridas no eran cosas para bromear “este plenilunio ha sido muy fuerte para mí. Se lo pediría a madame Pomfrey, pero no estaba en la enfermería”


“de acuerdo” Remus se levantó y cogió un bote lleno de una pasta roja y se la entregó


“ten cuidado” se quitó la camiseta y lo pantalones, quedando en boxers. Sirius lo contempló sin pudor alguno. Pero lo que no se esperaba es que Remus no se sonrojara como siempre hacía, y vio como su querido licántropo se tumbaba en la cama, dándole la espalda “¿Sirius, empezarás ya o te quedarás mirándome todo el día?” el animago tragó saliva y, desconcertado, se echó en la mano la pasta roja “extiéndela suavemente, con cuidado”


Sirius empezó a extender con delicadeza la crema, sientiendo como su respiración se agitaba solo por sentir el suave tacto de la pálida piel. Entonces oyó algo que lo hizo suspirar imperceptiblemente


“mmm” ronroneó el rubio, retorciéndose un poco ante las hábiles manos “baja un poco más...” susurró. El animago bajó por toda la espalda, alternando pequeños y suaves movimientos con otros más intensos y largos, que hacían que Remus gimiera bajito. Sirius hizo una mueca de desesperación al sentir como toda su entrepierna estaba a punto de estallar ‘y solo está gimiendo... ¿Qué pasaría si me tocara?’


“Moony... ¿ya?” Remus se incorporó y se dio la vuelta


“¿ya? Yo pensaba que me ibas a dar un buen masaje” bajó la mirada, con una fingida y enternecedora tristeza “pero está bien, si tienes que hacer otra cosa...” de improviso, lo volvió a mirar y sonrió “se lo pediré a Richard, de seguro él querrá hacerlo”


Una especie de alarma se disparó en el cerebro de Sirius, una alarma que se parecía increiblemente a la voz de James y que gritaba a pleno pulmón: ¡RICHARD! ¡RICHARD! ¡¿ESE MALNACIDO?!. Richard Green, Gryffindor de séptimo año, atractivo, buen estudiante, gay y, para pesar de Sirius, encaprichado con su lobito. Y en menos de medio segundo, el moreno contestó


“¿Richard?” exclamó, sin poder evitarlo “ahora que lo pienso... si, si que tengo tiempo” sonrió con nerviosismo y se dispuso a echarse más pasta roja en las manos, sin percatarse de la sonrisa de Remus.


‘espera, espera... ¿qué me ocurre? Soy Sirius Black, por favor... ¿por qué estoy así de nervioso? Bien, campeón, debes controlar la situación, tu puedes...’ pero esas palabras de aliento que su mente creaba para él se fueron a paseo cuando miró al frente. Remus se había tumbado de espaldas a la cama, es decir, boca arriba, y le sonreía con inocencia. Una inocencia que Sirius no veía para nada verdadera.


“padfoot, ahora me podrías dar en las piernas” ‘¡otra vez esa maldita cara de cordero degollado!’ gimió Sirius en su interior “mira...” señaló su muslo con el dedo, y Sirius miró. Inmediatamente, su rostro se suavizó. La piel pálida estaba teñida de un color violáceo, y rojizo alrededor del cardenal.


“claro, Moony” Remus sonrió tiernamente, mientras se sonrojaba pensando en lo que vendría a continuación. Se tumbó, mirando al techo y tensándose imperceptiblemente cuando el atractivo animago posó sus manos en el interior del muslo, echando la masa escarlata en la magulladura “¿duele mucho?”


“oh, no, no te preocupes” susurró, suspirando después ante las caricias de su amigo “solo... ten cuidado”


Cerró los ojos, mientras Sirius masajeaba a zona adolorida. Pero, en esos instantes, lo que menos sentía Remus era dolor.


Subió las manos, deslizándolas por toda la piel, hasta llegar casi a la ingle y a Remus se le escapó un profundo gemido. El rubio se sonrojó de inmediato y abrió los ojos, pero solo encontró la sonrisa de Sirius, mientras las manos del animano pasaban ‘casualmente’ por su entrepierna, y se concentraban en el muslo izquierdo. Remus se mordó el labio inferior, sin cerrar los ojos, fijando su mirada en su amigo.


Y eso, precisamente eso, encendía a Sirius de una manera que nunca, con todas las chicas que había compartido su pasión, le había ocurrido. Sintió su miembro erecto apretando la tela de su ropa interior y jadeó suavemente, perdiendo el pudor, tal y como el lobito la había perdido tiempo antes.


Hizo pequeños y suaves círculos estimulantes en la piel de la pierna, sensible y pálida, cada vez acercándose más peligrosamente al bulto que, claramente, se vislumbraba a traves de los boxers. Pero ninguno decía nada, no hacía falta.


Remus al fin cerró los ojos al sentir una ágil y experta mano rodear su dureza, mientras su gemela bajaba sus boxers con rapidez.


“ahh” se arqueó, mientras Sirius se ponía encima de él, para deleitarse con la piel que palpitaba de excitación, de deseo reprimido durante años. El atractivo animago comenzó a mover más rápidamente su mano en un furioso vaivén, grabando en su memoria todos y cada uno de las reacciones de su amante, antes amigo, ante sus caricias. Remus ondulaba sus caderas hacia arriba, abriendo las piernas para sentir más profundamente todas las atenciones brindadas por Sirius. Hasta que, cuando las oleadas fueron imposibles de aguantar, estalló en las manos del moreno, llenándolo del tibio líquido blanco, sonrojándose al ver a Sirius lamerlo con devoción, mirando sus ojos dorados fijamente.


“¿te gustó, Moony?” susurró, con la voz ronca por la lujuria “¿o no has quedado satisfecho?” Remus sonrió, mientras lo abrazaba, rodeando también la cintura de Sirius con sus piernas


“nunca quedaré satisfecho de ti, padfoot” dijo bajito y onduló sus caderas hacia arriba, arrancándole un gemido, y oyendo el suyo propio al sentir la abultada entrepierna que se pegaba a la suya, que ya volvía a crecer. Lo besó con pasión, el primer beso que se daban juntos ‘pero no el último’ se dijo Sirius, sonriendo aun dentro del beso. Su lengua viajó por el cuello pálido y aterciopelado, mientras sentia unos dedos apretando la piel de su espalda


“necesitas una ducha, Moony” jadeó. Remus metió la mano dentro de los pantalones negros y los boxers del mismo color y apretó su miembro, haciéndole enterrar la cara en el hombro del licántropo “ahh, Moony, vamos a la ducha”


Se levantó y le tendió la mano para ayudarlo a levantarse. Remus cogió su mano y los dos se metieron en el baño, besandose febrilmente en los labios. El rubio se separó y, sin dejar de mirarlo, bajó la cremallera de los pantalones del animago, que cayeron al suelo casi al instante. Sirius se desprendió de ellos con los pies y, besándo de nuevo a Remus, lo empujó suavemente hasta que se metieron los dos en la ducha. El licántropo rodeó su cuello fuertemente, entre besos y más besos apasionados, mientras Sirius abría los grifos, regulando la temperatura hasta que sintió el agua que caía abundantemente sobre ellos completamente tibia.


“ahh, Sirius” gimió, mientras se pegaba más al cuerpo del moreno, lamiendo la piel tostada de su cuello, levantando sus manos y tirando del pelo negro azulado que tanto le gustaba. Se volvieron a besar ardientemente, y Remus bajó lentamente el boxer de color vino tinto, liberando el pene erguido y palpitante. Lo rodeó con sus manos, haciendo que el animago lanzara un lamento que perforó sus tímpanos y lo hizo volver a jadear de placer


“no, Moony, quiero hacerte el amor” susurró en su oído “quiero que me pidas que te penetre, lobito” Remus gimió, enterrando la cara en su cuello y sonrojándose


“hazme el amor, Sirius” Remus besó su cuello, mientras Sirius lo volvía a levantar en vilo y él enroscó de nuevo su cintura con sus piernas


“tus deseos son órdenes” contestó, en broma. Remus rió y lo besó en los labios. Jadeó cuando sintió un dedo palpando entre sus nalgas, buscando la entrada virginal “relájate” y entrando el primer dedo, Remus lanzó un pequeño quejido. A ese le siguieron dos más cuando Sirius vió que su licántropo gemía de nuevo, notando el pene erecto de nuevo, rozando su vientre. Removió los dedos con placer, sintiendose explotar al ver a Remus retorciéndose. Era tan hermoso... sacó los dedos rápidamente y, con esa misma mano, cogió una pastilla de jabón, enjabonándose los dedos. Lo volvió a penetrar con los dedos, esta vez, estos se deslizaron con suavidad, haciendo gemir alto al rubio.


Después de apoyar a Remus en la pared de la ducha, volvió a enjabonarse los dedos y embadurnar su miembro, para después situarlo entre las delgadas nalgas. Lo besó de nuevo y fue entrando con lentitud, arrancándole un quejido a Remus. Se quedaron quietos por un momento, con el agua templada cayéndoles por todo el cuerpo, apoyados en la pared.


Sirius se empezó a mover quedamente, esperando la reacción del rubio, que lanzó un gemido. Besando su hombro, lo embistió más fuertemente, sintiendo un placer indescriptible, enloqueciendo de gozo, deleitándose con los gritos y gemidos de satisfacción de su lobito, que se movía al mismo tiempo y con la misma rapidez que él, sintiendo como el vientre de Sirius y la fuerza de los movimientos presionaban su dureza, haciendolo perder la razón


“Moony...” jadeó el animago, empalandolo con frenesí, sintiendo que cada embiste lo acercaba más al paraíso “ahh, Moony...” lo cogió por el trasero para profundizar más las acometidas


“Sirius, sigue, sigue...” exclamó Remus, cerrando los ojos al sentir por fin el éxtasis, manchando el vientre de Sirius del mismo tibio líquido que expulsó en su cama, mientras Sirius, llegando después que él, arremetía de nuevo, tocando su próstata por última vez, haciendo que la fuerza de su orgasmo se intensificara. Sirius gritó su nombre, llenando su interior.


Agotado, el animago cayó de rodillas, todavía penetrando al lobito rubio. Jadeando, se besaron de nuevo, sonriendo.

ºººº



Sirius estaba frustrado. Si, ¿dónde demonios estaba Remus? Había buscado por todos sitios a su novio y, cuando llegó a la biblioteca, pensando que su lobito estaría allí, gimió de impotencia al no verlo en la mesa del fondo, donde siempre se sentaba.


Volvió al cuarto, tirándose en la cama, aburrido. Entonces, escuchó que alguien abría los grifos de la ducha. Intrigado, ya que James estaba entrenando Quiddith y Peter en un castigo del profesor Hellon, avanzó hacia la puerta del baño.


Cual fue su sorpresa al ver a su travieso licántropo, en boxers negros, con una mirada lobuna y un bote de vaselina en la mano.


“¿padfoot, me ayudas?” preguntó, con voz traviesa.


“será un placer, lobito” respondió sonriendo, para después besar a su novio con devoción.


Dispuesto a ayudar al rubio cuantas veces deseara.

ºººº


Espero les haya gustado lo que consegui entre mis archivos de fics (Ficsioteca). ya traere mas.


Por cierto....opiniones son más q bien recibidas
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